miércoles, 28 de abril de 2010
Wwoof en Kerikeri, Northland (22 al 28 de abril)
miércoles, 21 de abril de 2010
Wwoof en Albany, Auckland (14 al 21 de abril)
martes, 6 de abril de 2010
UN WWOOF DEMASIADO “ORGÁNICO” ( 6 de abril de 2010)
Hasta ahora, todas nuestras experiencias como wwoofers habían sido muy buenas, pero no nos podemos ir de Nueva Zelanda sin tener una mala. Y la tuvimos!! Y menuda!!
Partimos desde Coromandel hacia Northland, ya que teniamos que empezar un Wwoof con una pareja que vivia por allí. Muchas ganas no teníamos ya que nos parecieron un tanto “raros” cuando contactamos con ellos via email. Pero era semana santa y no había Host dispuestos ha acoger woofers, asi que como ya llevabamos demasiados días de backpacker e iba haciendo mella en el bolsillo, decidimos arriesgarnos e ir a Northland.
De camino a nuestro destino, hicimos una parada en auckland para cambiar el aceite del coche, y algunas reparaciones menores para dejarlo presentable. Estamos pensando en venderlo y hay que ponerlo a punto.
Ya nos advirtió nuestra futura Host que el camino era dificil de encontrar en la oscuridad. Asi que intentamos darnos toda la prisa posible. Sin embargo, como los días son cada vez mas cortos, nos alcanzó la noche antes de llegar.
Siguiendo las indicaciones y preguntando en la gasolinera del pueblo más cercano, abandonamos la pequeña carretera y empezamos un camino de grava. A unos dos kilómetros, nos encontramos con el buzón que nos indicaba que empezaba la propiedad. Así que nos adentramos por un camino estrecho entre maleza y árboles que lo cubrían todo.
Al final del camino, nos encontramos con un cobertizo lleno de trastos y chatarra. Esto no es buena señal, pensamos... Del cobertizo salió un hombre vertido de camuflaje y con una linterna en la cabeza que no nos dejaba verle el rostro. Era nuestro nuevo host, quien nos indicó el camino de la casa, sin acompañarnos, por lo que cogimos otro camino entre lo árboles y la oscuridad más absoluta. Sin llegar a saber bien dónde estábamos, decidimos aparcar el coche y buscar la casa andando. A lo lejos entre la maleza, divisamos una tenue luz y decidimos seguirla creyendo que era la casa.
Manuel se asomó a la ventana de lo que parecía un cobertizo y dijo: Imposible, esto no puede ser una casa. Asi que seguimos dando vueltas entre la oscuridad intentando encontrarla. Pero en su lugar, llegamos otra vez al mismo punto de partida donde conocimos a nuestro host que esta vez decidió acompañarnos a la casa. Desafortunadamente, resultó ser el cobertizo que Manuel había descartado por estar demasiado “lleno de mierda” palabras textuales de Manuel.
Nos recibió una hippie con el pelo cardado de no haberselo cepillado en años y gafas redondas y enormes de John Lennon. Su ropa estaba mugrienta y rota, acorde con la casa, que daba terror mirarla. Estaba llena de verduras, legumbres y hortalizas directos desde el jardin, por lo que estaba todo mezclado con tierra. Una tenue y sucia bombilla alumbraba una casa destarlada, sucia y desordenada, donde habitaban nuestros nuevos host. Era como estar en la casa de Shrek.
Se ofreció a eseñarnos lo que iba a ser nuestro hogar, un cobertizo tipo Hut perdido en medio de los matorrales y huertos, con los cristales tan sucios y llenos de telas de araña, que apenas podías ver a través de ellos. Nos prestó unas sábanas para hacer la cama que tenían manchas de sangre. No queremos saber de qué o quien. Pero lo peor, sin duda, fue nuestro “cuarto de baño”. Una esquina fuera del cobertizo, hacía lo que se denomina como baño. Detrás de unas cortinas mugrientas estaba lo que ella llamaba ducha, con agua recogida de la lluvia y calentada por el sol. Gracias a dios, no tuvimos que probarla. Pero lo que más nos impresionó fue el Wc: un cubo de pintura asqueroso y usado, con una tapa de madera y un orificio en el medio ejercía de lo que conocemos como váter. Para colmo, nos dijo que cuando estuviera lleno lo tirásemos al huerto a modo de compost... Arggggg!!!!!
Nos dejó solos para que acomodasemos nuestras cosas, y nos dijo que nos esperaba en la casa con la cena. Estuvimos a punto de irnos corriendo en ese momento. Manuel estaba firmemente convencido de irnos echando ruedas de alli, pero finalmente nos dió miedo que nos pudiera criticar en la web donde conseguimos los wwoof y decidimos pasar alli una noche y a la mañana siguiente salir corriendo. No sin antes mandarle a Laurita un mensaje, quizás un poco alarmante, con las señas del lugar. El marido es cazador, por lo que tiene armas, y verdaderamente esa casa daba pero que mucho miedo...
Fuimos, muertos de asco, a la casa para la cena. Y casi fue peor. Mientras nos contaba sus experiencias como hosts con otros wwoofers que habian salido corriendo, tuvo la genialidad de decirnos: Conoceís a mi perro y a mis 2 gatos?? Dijimos, conocemos a tu perro. Nos dijo, también tengo dos gatos, y nos enseñó dos gatos muertos a los que habían arrancado la piel, que aún tenían la cabeza y que usaban como alfombra. Casi me muero!! Horrorizada de pensar lo que le habían hecho a los gatitos, no pude parar de pensar: Somos los siguientes. También descubrimos que no usaban jabón para limpiar los platos. Con agua y las manos es suficiente. Y si a eso le añades a que comían con las manos y te servían con ellas también. No pudimos pegar bocado. Con la excusa de estar llenos y muy cansados, nos fuimos a “nuestra mansión” a decidir qué hacíamos si quedarnos o irnos directamente. Estuvimos bastante tiempo dudando, pero finalmente decidimos no sacar las maletas del coche, sacar una muda limpia para mañana, los sacos de dormir, para no tener que dormir en esas sábanas y la mañana siguiente huir como quien ha visto al mismisimo diablo. Manuel no pudo pegar ojo. Y a la mañana siguiente a las 7 am ya estábamos con el coche preparado para nuestra marcha. Tras contarles nuestra excusa (que no era mentira) de que teníamos que ir a auckland a hacernos unas fotos para los nuevos visados, salimos escopetados de ahí.
Pasó un buen rato hasta que se nos quitara el asco del cuerpo. Por la noche daba miedo, pero con la luz del sol, la casa se veía aún más sucia y destartalada si cabe. Tras lavarnos concienzudamente las manos y la cara en una cafetería y un desayuno caliente, el día empezó poco a poco a cambiar de color. A medida que llegábamos a Auckland empezámos a ver el mal trago como si fuera un sueño, o mejor dicho, una pesadilla...
viernes, 26 de marzo de 2010
EN LA ISLA NORTE: “WWOOFENADO EN WELLINTONGO” (15 al 25 de Marzo de 2010)
Salimos de Christchurch con lágrimas en los ojos y con dirección Picton, a la 13.30 sale el ferry hacía Wellington la capital, donde tenemos el siguiente Wwoof y son más de 5 horas de viaje hasta llegar ahí. Así que nos despedimos de Laura y Tracy a las 7 de la mañana. El viaje lo hacemos tranquilos, el sol se va asomando por el horizonte a medida que avanzamos en el camino. Tras hacer la parada de rigor en Kaikoura, llegamos a Picton a la 13, con el tiempo justo para devolver unos libros en la biblioteca que hemos cogido prestados y embarcar al ferry. Al llegar a la terminal, nos dicen que no podemos embarcar porque hay que estar una hora antes. No sabíamos nada de eso!! Por suerte, nos cambian el billete para el siguiente barco, que sale a las 14.30 hs. Pero eso retrasa nuestra llegada al Wwoof, a los que llamamos para avisar. Tras más de una hora esperando, nos dejan meter el barco en la bodega del Ferry. Y subimos a la cubierta a disfrutar de las vistas y despedirnos de nuestros queridos Malborough Sounds, los fiordos que tan bien conocemos. Pronto salimos de los fiordos, para meternos en mar abierto en el estrecho que separa las dos islas. El viento es tan fuerte que nos obliga a meternos dentro del barco y dejar la cubierta. El oleaje se hace más intenso. Tras más de 3 horas de trayecto (y alguna siestecita de por medio) llegamos a la capital de Nueva Zelanda. Llegamos a Wellington!!
Son una pareja de holandeses que llegaron a Nueva Zelanda hace ya muchos años y que tienen una gran parcela (de más de 5 héctareas) donde cultivan variadas frutas y vegetales. Según nos cuentan procuran autoabastecerse con lo que cultivan. Y están muy orgullosos de ello. Al día siguiente, ya nos damos cuenta que no son la alegría de la huerta.. Son de lo más aburridos, con charlas de dudoso interes, pero muy ricas en vocabulario, para mejorar nuestro inglés. Por suerte, no nos hacen trabajar mucho. Y el día de trabajo lo fraccionan con bastantes paradas a tomar un té o café. Los primeros días les ayudamos a podar y recoger, para luego quemar ramas. Y los últimos días, les contruimos un camino de hormigón. En nuestros ratos libres, o bien aprovechábamos para ir a la biblioteca, o nos íbamos a conocer los alrededores.
Al segundo día de estar ahí, nuestros hosts, tenían que hacer unas compras en Wellington, y nos invitaron a acompañarles. Mientras ellos hacían sus compras, nosotros pasamos la tarde en la gran capital. Después de pasar tanto tiempo en ciudades pequeñas, Wellington es lo mas parecido a las ciudades europeas que nos hemos podido encontrar. Fuimos al Te Papa, el museo de la ciudad, donde sólo paseamos por las exposiciones más cercanas ya que queríamos aprovechar del buen tiempo que hacía. Y paseamos por las calles de la ciudad. No profundizamos mucho, ya que tenemos pensado deternernos unos días al terninar el Wwoof, pero nos pateamos todo el centro de la ciudad.
Uno de los sitios que conocimos, fue el Cape Palliser, el cabo final de la isla norte desde donde en los días claros puedes ver las montañas de Kaikoura. Nosotros tuvimos suerte, y aunque el día no era claro del todo, pudimos ver la isla sur, que con tanta pena habíamos dejado, desde lo alto de los 260 peldaños que te separan del faro. De camino, no pudimos dejar de parar en una conocida colina de focas en el pueblo de Ngawi. Y observar las formaciones rocosas de Putangirua Pinnacles.
Otra de las escapadas que hicimos fue a Castlepoint, a 65 km al este de Masterton, un pequeño pueblo costero, por lo visto, muy transitado en los meses de verano, que aquí acaba de oficialmente terminar, por lo que estaba casi desierto, lo que provocaba que tuviera más encanto. El mar provoca una laguna de agua salada y cristalina, donde los bañistas huyen de las frías aguas del pacífico. También hay un faro, con unas vistas, también muy bonitas de la costa y una playa larga de aguas azules.
miércoles, 24 de febrero de 2010
ÚLTIMA SEMANA DE WWOOF EN CRAGLEE ( 4 al 24 de febrero 2010)
El tiempo pasaba sin prisa en el Craglee Lodge, aprovechando nuestros momentos libres para subir al Queen Charlotte Track y caminar un poco, donde por ejemplo, fuimos al lookout de “Eatwell” donde pudimos tener acceso a unas increibles vistas de todos los fiordos, a una bahía vecina al Lodge, donde los liwis suelen ir de veraneo en busca de sus tranquilas aguas, o simplemente caminando por la ruta del track. La hora y pico de subida merecía la pena gracias a las espectaculares vistas. Normalmente, George, el perro del Lodge, nos acompañaba en todos nuestros paseos, ya fuera al track o simplemente a las playas vecinas. Nos encariñamos mucho de él, de hecho, no nos importaría nada llevárnolo con nosotros a España...
Pero sin duda, el mejor momento de la semana (y si nos ponemos a pensar, también de toda nuestra estancia) fue 18 de Febrero, cuando mientras recogíamos el desayuno de los clientes, divisamos cerca de la orilla una manada de delfines, sin pensárnoslo, corrimos a la orilla para poder verlos. Tras un par de súplicas, ya habíamos convencido a Steve para que nos llevara en su barquito a verlos más de cerca. Por si las moscas, íbamos equipados con bañadores y snorquel, porque si se nos presentaba la oportunidad, no íbamos a dejar de saltar al agua a bañarnos con ellos!!
Eran delfines distintos a los que vimos en Kaikura cuando nadamos con ellos en Noviembre. Éstos eran mucho más grandes y más parecidos a los que vemos habitualmente en los zoológicos. Esta vez eran delfines “Common dolphins” llamados así por ser los más comunes en etodo el mundo. Era una manada de unos 60 delfines que estaban pescando alrededor de nuestra bahía. Incluso había delfines bebé, fue un momento increíble!!.
Una vez que estuvimos lo suficientemente cerca, y nos aseguramos que no hubiera más barcos cercanos a nosotros, ya que sino puede ser peligroso, Julieta se lanzó al agua a nadar con ellos. Ahí estaba otra vez, rodeada de delfines, haciendo piruetas y cantando bajo el agua para llamar su atención. La diferencia de esta segunda vez la marcó el agua, era un agua oscura que no te permitía ver más allá de tus brazos, así que sólo podía ver a los que estaban más cerca. Sin embargo, volvió a ser una experiencia extraordinaria, lo listos y curiosos que son y como nadan a tu alrededor cuando llamas su atención. Otra vez en el barco, estuvimos más de 2 horas navegando a su lado. Viendo como pescaban, nadaban, saltaban o simplemente jugaban con la estela del barco.
Pero el tiempo pasaba, y habíamos dejado desatendidas nuestras labores en el Logde, así que ya a media mañana, tuvimos que regresar a la faena. Eso sí, no pudimos quitarnos en todo el día una enorme sonrisa de la cara.







